Quintas Moradas, el Tesoro escondido, por Fr. Miguel Márquez

Nosotros queremos ir de lo pintado a lo vivo que decía Teresa, no quedarnos en imágenes, en cuadros, en pala bras, sino empezar hacer experiencia del Dios vivo. 

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Nos da miedo dejarnos tocar por Dios porque Dios siempre que toca descoloca, sana, cura, nos pone otra vez en la raíz adecuada.
Con frecuencia nos desencaja de nosotros mismos para resituarnos, y eso siempre da respeto, miedo o pánico, depende donde estemos.
Con humildad le pedimos a Dios: ¡Señor, sitúame donde tú quieres! ¡recolócame tú!
Este camino que estamos haciendo de las moradas es camino de humildad, de sinceridad.
Cómo nos gustaría hacer experiencia verdadera, auténtica de Dios: esto es la oración.







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