El libro de la vida. “La séptima morada” Edith Stein

La pieza “La séptima morada”, dirigida por Stella Galazzi, sigue el derrotero de Edith Stein, una religiosa víctima del nazismo.

POR Leni Gonzalez
LA NOCHE OSCURA. La actriz Lili Grinberg interpreta a Stein en su celda.

LA NOCHE OSCURA. La actriz Lili Grinberg interpreta a Stein en su celda.

"Ya no hay tiempo; quizá sólo una noche… Tal vez a la mañana ya vengan por mí.” En la celda del monasterio carmelita en Echt, Holanda, la noche del 2 de agosto de 1942, Edith Stein espera a la Gestapo. Pocos días después, el 9, morirá en la cámara de gas de Auschwitz. No la salvó la conversión al catolicismo veinte años antes, ni su ingreso a la orden de las Carmelitas descalzas de Colonia, en 1933, con el nombre de Teresa Benedicta de La Cruz. Ni tampoco quiso salvarse, a pesar de tener las posibilidades de escapar a América con sus hermanos, a pesar de contar con reconocimiento intelectual, de poder dar clases y conferencias, ella, la discípula brillante de Edmund Husserl. Eligió la muerte, el martirio, el otro camino, la libertad del espíritu. Sobre esa historia, acerca de esa elección, trata La séptima morada.

Tal vez algunos recuerden este título por la película de la húngara Marta Meszaros, con Maia Morgenstern. Y con toda razón, porque sobre el guión del filme de 1995, escrito por Eva Pataki, está basada la obra que después adaptó Stella Galazzi, la directora de este unipersonal que interpreta Lili Grinberg, la impulsora del proyecto. “La que primero me habló de Edith Stein fue Matilde Kusminsky, la mujer de Sabato. Ella también era judía y conversa al cristianismo. Entonces, cuando viajé a Francia, Matilde me pidió que le trajera libros de y sobre Stein y yo también me los compré, los leí y me sentí muy identificada: soy judía y como a ella, la fenomenología de Husserl me había impactado en la facultad; y de chica, igual que ella, ya me sentía mujer y quería ser tratada con dignidad”, dice Grinberg, además de actriz, escribana y danzaterapeuta.

En Yom Kipur, el Día del Perdón de 1891, el 12 de octubre, nacía Edith Stein en la actual Wroclaw, Polonia (antes Breslau en Prusia), la menor de once hijos de un matrimonio judío. Pasados los veinte años, comienza a tomar clases de filosofía y psicología en la Universidad de Gotinga donde conoce a Husserl y forma parte de la escuela fenomenológica junto a Adolf Reinach, Hans Theodor Conrad y su mujer, Hedwig Martius, entre otros. “Al comenzar la guerra, Reinach fue convocado para alistarse en el ejército y yo me presenté como enfermera. Antes de partir al campo de batalla, se hizo bautizar. Esa fue la última vez que lo vi”, cuenta Stein en la obra que transita aquella larga noche en que repasa su vida, antes de que ella y su hermana Rosa sean llevadas por los nazis.

Varios intelectuales judíos se convirtieron al cristianismo en esos “tiempos sombríos” y no sólo por necesidad. “Hacía mucho tiempo que yo vivía en el misterio de la cruz”, responde a los incrédulos Stein. Después de su voluntariado en un hospital austríaco, en 1916 continúa los estudios, termina su tesis doctoral (Sobre el problema de la empatía) y Husserl la nombra asistente personal. Mientras tanto, el encuentro con la viuda de Reinach y su fortaleza frente al dolor fueron determinantes para la joven Stein: “Este fue mi primer contacto con la fe. La vi, la experimenté, la sentí. La fe que puede vencer a la muerte. Al otro día, me compré el Nuevo Testamento”.

Sin embargo, fue en 1921, en la biblioteca de la casa del matrimonio Conrad-Martius, donde encuentra Libro de la vida , la autobiografía de Santa Teresa de Jesús. El efecto fue inmediato: en enero de 1922 se bautizó, una decisión que su madre viuda no le perdonó.

“No vengo de una familia religiosa, yo no lo soy, pero sí con una fuerte tradición”, dice Grinberg. “Pero La séptima morada habla de la libertad de elegir, de ser quien es uno en esencia, de recorrer el camino del alma.” En cambio, absolutamente agnóstica, a Galazzi, la directora de la obra y docente de Grinberg, le interesó la propuesta por la intensidad de este personaje excepcional: una intelectual de peso, con medios a su alcance, autora de Ser finito y eterno. Ensayo de acceso al sentido del ser (su principal obra filosófica, publicada post mortem, en 1950), que sin negar su origen ni su tradición, se juega por su propia búsqueda. Como lo hizo Santa Teresa de Jesús, en el siglo XVI, de familia conversa, judía por línea paterna, la creadora de Las moradas o Castillo interior, su última obra y una alegoría sobre los grados del ascenso espiritual, desde la ascética hasta la mística. “Creo que esta obra plantea la unión y de alguna manera, el ‘efecto Francisco’ va en el mismo sentido. Pero nosotras empezamos hace rato”, dice Galazzi quien adaptó y redujo el largo texto de Pataki.

Poco antes de comenzar la Segunda Guerra, en 1938, año en que muere Husserl, la orden envía a Edith, acompañada por su hermana Rosa, a Holanda para resguardarla. Sin embargo, era el final.

En 1998, el papa Juan Pablo II la canonizó en la Basílica de San Pedro y la declaró, un año después, copatrona de Europa y “puente de la comprensión recíproca entre hebreos y cristianos”.

Tomado de: http://www.revistaenie.clarin.com/

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