Santa Teresa y San Pablo, dos Enamorados del Amor

El P. Francisco Brändle nos presenta las figuras de Santa Teresa de Jesús y de San Pablo ahondando en las similitudes de ambas experiencias.

Teresa y Pablo, una experiencia enamorada (2)

El feminismo de Teresa no descarta a Pablo, y no sólo no le aparta, sino que le tiene una especial devoción. Su experiencia nos indica cómo leía y apreciaba a Pablo.

Es interesante la relectura de Pablo a la luz de Teresa, porque es la experiencia del amor de Dios en dos enamorados que nos enamoran.

Podemos descubrir que el Jesús de Teresa y el Jesús de Pablo… ¡se parecen tanto después de tantos siglos transcurridos entre uno y otro, que bien podía darse igual ahora...!

 

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    Ambos son enamorados: Pablo cayó por el amor de Jesús al contacto con las propias comunidades cristianas que perseguía. Teresa está enferma de Amor por Jesús.

    “Qué queréis que haga”, dice Pablo en su conversión y Teresa le dice al Señor: “¿Qué mandáis hacer de mi?”

    La conversión de Pablo es de alguien que se va enamorando de Jesús hasta que el amor salta, brota, hasta el punto que se pregunta, pero ¿qué he hecho yo?, ¿a quién estoy persiguiendo?

    Ambos hablan de una luz, más inmensa que la del sol, que no se le asemeja, ni tiene en nada comparación. Es otra luz tan diferente que no se querrían abrir los ojos después, es luz que no tiene noche, sino que siempre es luz. No la turba nada, y no se la puede imaginar, nos dice Teresa, como luz bajada del Cielo, lo cual es una clave para aproximarnos a la luz de Dios en Pablo y en cada uno de sus Hijos e Hijas amados de Dios.

    Mirar como trata Teresa los aspectos contradictorios de la vida:

    “Dadme muerte, dadme vida:
    dad salud o enfermedad,
    honra o deshonra me dad,
    dadme guerra o paz crecida,
    flaqueza o fuerza cumplida”

    ¿Qué mandáis hacer de mi?

    VUESTRA SOY, PARA VOS NACÍ

    Fijaos Pablo en su Segunda Carta a los Corintios 6, 8-10:

    "Por honra y por deshonra, por mala fama y por buena fama; como engañadores o impostores, pero veraces; como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, pero llenos de vida; como castigados, pero no muertos; como entristecidos, pero siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, pero poseyéndolo todo".

    En Teresa y en Pablo, en Pablo y en Teresa todo se lleva a cabo en medio de su debilidad, porque Dios es su fuerza. La experiencia de la presencia de Dios, marca toda la Vida de ambos.

    Otro de los aspectos curiosos para comparar la experiencia Paulina y la Teresiana, es que a pesar de las contradicciones de la vida, ambos saben y están seguros que Dios siempre es fiel:

    1 Corintios 10:13
    ”No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero FIEL es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.”

    Teresa, tendrá siempre presente esta certeza paulina, en que Dios no abandonará a sus elegidos.

    Esta relación con Jesús es tan viva que:

    “¡Ya no soy yo, sino que es Cristo quien vive en mi!” (Gal. 2, 20) .

    La vida de Jesús es la vida totalmente entregada, muerto en una cruz, en total abandono, amor entregado, experiencia de vida abierta a Dios, que nos identifica con él y hace posible que Cristo viva en mi.

    ¿Morir para estar con Cristo o vivir para ser sus testigos?, pregunta que los dos se plantean de tal manera que Teresa muere porque no muere, y Pablo habla que morir y estar con Cristo sería mucho mejor (Filipenses 1, 23), pero el apostolado para ambos les hace vivir por Cristo  para Cristo.

    Y es que “Cristo que vive en mi” como nos dice Pablo, y “A mi buscarme has en ti, a ti buscarte has en mi” nos dice Teresa.

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