Lo que verdaderamente importa

La vida no es lineal, la naturaleza cambia, tiene un ritmo, y el susurrar de Dios también, aun siendo Dios el mismo.

El viento no suena igual en nuestra ventana.

Y la brisa suave no siempre toca a la puerta de la cueva.

Por eso es bueno tener tiempos de no efectividad, de no productividad, de no hacer, para ahondar en la tierra, para dejarse simplemente tocar y mecer, para simplemente estar y advertir, entre los puntos cardinales, donde nace el soplo de Dios.

Sobre todo cuando uno vuelve de la Tierra del Señor, Peregrino soy de Aquel que nos nutre…, de quien se quedó con nosotros, y nos enseña a permanecer desapareciendo.

¡Quisiera profundizar tanto, quisiera transitar tanto por el paisaje humano de Jesús, que todo se me queda corto, que todo me parece nada!

Hemos de ir a lo que verdaderamente importa, y pase lo pase volver a la historia que realmente importa:

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